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Martes 9/2/2010 10:32

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Día 16/02/09
Usuario: jpt11 

LITERATURA FANTÁSTICA Y EDUCACIÓN VIAL (II): ANGEL OLGOSO


     PARTE METEOROLÓGICO
     
     Instalado en el asiento trasero del auto, me dejo llevar a través de una larguirucha carretera de desierto. Rodamos a gran velocidad entre el polvo. El avance simultáneo de la columna de automóviles es ahora el único riego sanguíneo en el cuenco sucio del desierto. Mientras el cuentakilómetros descuelga nuevas cifras, apoyo la mejilla contra el cristal de atrás y clavo los ojos en todo cuanto se aleja: una estación de servicio Texaco, un sol que lubrica los bordes cromados de las carrocerías de los otros autos, unas nubes que festonean el cielo bajo de la tarde con hermosas y gigantescas hebras de tonos calientes. Tras un último tramo, la carretera desaparece de inmediato. Hemos llegado.
     El parque de estacionamiento, que se extiende interminablemente en la distancia, tiembla con la llegada de la patrulla, de sus bocinas, de los golpes de sus portezuelas y de las emisiones de radio. La luna, densa y real como una bola de nata, aparece sobre nuestras cabezas. Todo ocurre exactamente así. Cuando se apagan los motores, siento el vivo deseo de remontar la mirada sobre los techos brillantes de los autos, en dirección a una colina donde la silueta de una enorme Arca se recorta brutalmente contra el horizonte anaranjado. Como si nos esperase desde mucho antes.
     Mientras tanto, a mi alrededor, de cada uno de los automóviles salen parejas de animales de todas las especies. Las puertas de aluminio han dado paso a cuantos seres vuelan, caminan o se arrastran sobre la tierra. El cielo, completamente cubierto ya de nubes que se deslizan veloces, se retuerce bajo señales oscuras y presagios. Entre una garza y una hiena me incorporo a la procesión, en el espacio de acceso hasta el Arca. Todo ocurre exactamente así. Mi conciencia de sonámbulo, atraída y rechazada por el Arca, deja tras de sí la cáscara viscosa y desvalida de una humanidad primaria. El paisaje sombrío nos lleva hasta el promontorio. Con los ojos fijos en la proa del Arca, no advierto que ya no estoy entre la garza y la hiena. No hay nadie. Es como si todo hubiera sido rebanado de golpe.
     Empieza a lloviznar y cada gota que cae sobre mi pelaje actúa como un hierro al rojo vivo, marcándome intensamente. Sé que bajo las maderas resinosas untadas de pez, alguien me aguarda. De un modo impreciso pienso en lo extraño del sonido de mis pezuñas en la tierra, en la nueva visión de mis ojos, en el roce del aire sobre mi piel. Todo ocurre exactamente así mientras el delicado precinto de un cielo aniquilador va a romperse durante cuarenta días y cuarenta noches. Arqueo el lomo, enderezo mis peludas orejas y corro con cuatro miembros hacia el umbral del Arca, preso de una alegría dulce, misteriosa, líquida.
     Un solo trote más y ya del lado de la salvación.
     
     El texto lo podéis encontrar en el libro "Los días subterráneos" (Dirección Gral. de la Juventud, Sevilla, 1991, págs. 27-28. ISBN: 84-87435-09-2). Y posteriormente, en "Granada, año 2039 y otros relatos" (Comares, Granada, 1999, págs. 105-106. ISBN: 84-8151-879-4).
     
     Y con este relato, rubricado por Ángel Olgoso, nada menos que el autor contemporáneo del mejor libro español de cuentos de la última década, "Los demonios del lugar", damos un giro de 180 grados a esa imagen tan nefasta y simplista que podemos transmitir, desde la educación vial, si trabajamos el mundo del tráfico bajo la perspectiva exclusiva de los accidentes. Pues el automóvil no es una especie de ataúd con ruedas, como mal puede deducirse, por el contrario debemos celebrar que sobre todo sirve para conocernos, comunicarnos, escaparnos, trasladarnos de tiempo y lugar hacia otras personas y lugares maravillosos que podemos y debemos conocer. Y para reforzar esta imagen positiva podemos utilizar en clase este alegre cuento, pensando quizá en lo que tantas veces hemos visto en películas, donde el automóvil sirve también como tabla de salvación ante una catástrofe segura.
     Angeles Prieto

BLOG CULTURAL DE EDUCACION VIAL
ANGELES PRIETO DE LA JEFATURA DE CADIZ

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